Mi justicia no está lejana; mi salvación ya
no tarda. ¡Estoy por traerlas! Concederé salvación a Sión, y mi esplendor a
Israel. Isaías 46:13
Todas
nos hemos impacientado en alguna ocasión al estar atrapadas en el tránsito sin
poder avanzar ni retroceder. Los minutos se hacen eternos, sobre todo si en la
agenda diaria tenemos fijado el tiempo y el lugar donde debemos comparecer.
Muchas veces, cuando estamos en esta situación, desconocemos lo que pasa
delante de nosotras, y entonces somos presa de la desesperación y las
especulaciones.
Es
frecuente que en la carrera de la vida enfrentemos situaciones parecidas.
Tenemos que “parar” y “esperar” y, al igual que sucede en el tráfico lento,
ignoramos por qué, y somos presa de la impaciencia. Cuando Dios nos dice
“detente” y “espera”, seguramente tiene propósitos que, aunque no estén al
descubierto, son los mejores.
Esperar
activamente es la opción que nos ayudará a permanecer en calma hasta recibir la
orden de avanzar. Deberíamos orar sin cesar, meditar en la Palabra de Dios para
recibir referencias y señales divinas que nos digan que la espera ya llega a su
fin.
Antes
del extraordinario cruce del Jordán los israelitas recibieron la orden de
acampar a sus orillas. La orden de Dios fue: “Cuando vean el arca del pacto del
Señor su Dios, y a los sacerdotes levitas que la llevan, abandonen sus puestos
y pónganse en marcha detrás de ella. Así sabrán por dónde ir, pues nunca antes
han pasado por ese camino” (Josué 3:3-4). Después de haber cruzado en seco,
erigieron un monumento conmemorativo como testimonio de los milagrosos actos de
amor de Dios hacia sus hijos.
Amiga,
es posible que algún proyecto de tu vida esté en espera de la respuesta de
Dios. Tal vez de pronto te asalte el pensamiento de que los buenos planes que
has hecho para tu vida no se han concretado. Quizá hace mucho que suplicas para
que por fin te cures de una enfermedad… Nunca pienses que el Señor tu Dios está
lejano. Ten la seguridad de que tu espera terminará cuando Dios te muestre con
claridad el camino que debes seguir. Cuando tu fe fortalecida te lleve a
cumplir su voluntad; cuando permitas que el Señor te lleve de la mano por la
senda de tu vida y no tengas la tentación de enorgullecerte de tus triunfos,
sino que glorifiques a Dios, entonces llegará la orden de marchar y la espera
habrá terminado.
Tomado de Meditaciones
Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

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