Quien ama el dinero, de dinero no
se sacia.
Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.
¡También esto es
absurdo!
Donde abundan los bienes, sobra quien se los gaste;
¿y qué saca de
esto su dueño, aparte de contemplarlos? Eclesiastés 5:10-11
Para muchas
mujeres, salir de compras se ha convertido en su pasatiempo favorito. Hay gente
que incluso asegura que la mejor terapia para una mujer enojada es salir de
tiendas y comprar compulsivamente. Hasta los niños se curan de una rabieta
cuando el papá o la mamá les prometen que les comprarán algo. Una marcada
tendencia de la sociedad actual es propiciar el consumismo, algo que nos lleva
a pensar que incluso las necesidades emocionales y espirituales pueden
satisfacerse mediante la adquisición de bienes. La publicidad manipuladora nos
dice que debemos aspirar al mejor automóvil, al refrigerador más grande, a los
muebles más sofisticados, a la casa más cara… pero lo cierto es que eso nos
lleva a desear y a comprar cosas que probablemente no necesitamos. Todo se ha
vuelto prácticamente desechable y cualquier artículo que haya salido al mercado
hace más de dos años ya se considera viejo y obsoleto.
El consumismo
se ha constituido en una trampa sutil, ante la cual podemos sucumbir muy
fácilmente. Las ofertas del mercado suelen ser sumamente atractivas, hasta el
punto que algunas personas incurren en un endeudamiento crónico a fin de
adquirir bienes que consideran una "ganga". ¿Quién dejaría pasar una
oportunidad semejante? Recordemos que los recursos monetarios que poseemos, ya
sean muchos o pocos, provienen de la mano de nuestro Dios con el fin de que
nuestras necesidades materiales sean satisfechas, y no para que los
despilfarremos en forma irresponsable.
Fue en el
taller· de carpintería de su padre donde el niño Jesús aprendió el valor de los
bienes materiales. Dios podría haber permitido que su Hijo naciera en un
palacio, rodeado de lujos; sin embargo, eligió que naciera en el hogar de María
y José; un hogar modesto donde los recursos que se generaban apenas eran
suficientes para atender las necesidades básicas de la familia.
Recuerda,
querida amiga, que el consumismo tiene un extraordinario poder de seducción,
así que, si hoy te sientes tentada a hacer un uso indebido de los recursos
financieros que Dios te ha dado para administrar, no olvides que él mismo te
dice: "Mía es la plata, y mío es el oro" (Hageo 2: 8). Gasta tus recursos
con prudencia y de una manera que honre a Dios.
Meditaciones Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado
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