Mi
madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. Lucas
8:21.
Jesús amaba a los niños y siempre ejercía su
influencia sobre ellos para bien. Se ocupaba de los pobres y los necesitados
incluso en su niñez. Buscaba agradar a aquellos con quienes entraba en contacto
en cada acto gentil, tierno y sumiso. Pero aunque era gentil y sumiso, nadie
podía llevarlo a hacer nada que contrariara la Palabra de Dios. Algunos
admiraban su perfección de carácter y a menudo buscaban estar con él; pero
otros, que apreciaban las máximas humanas por encima de la Palabra de Dios, se
apartaban de él y evitaban su compañía...
Cuando Jesús contemplaba las ofrendas que se
traían como sacrificio al Templo, el Espíritu Santo le enseñó que su vida sería
sacrificada por la vida del mundo... Desde sus años más tempranos fue guardado
por los ángeles celestiales, pero su vida fue una larga lucha contra los
poderes de las tinieblas. Satanás buscaba tentarlo y probarlo de toda manera.
Causaba que la gente no entendiera sus palabras, para que no recibieran la
salvación que Cristo vino a traerles...
Él era fiel en su obediencia a los mandatos
de Dios, y esto lo hacía diferente de aquellos a su alrededor, quienes
ignoraban la Palabra de Dios. Su vida inmaculada era un reproche, y muchos
evitaban su presencia; pero había algunos que buscaban estar con él, porque
sentían paz donde él estaba...
Él no fallaba ni se desanimaba. Vivía por
encima de las dificultades de su vida, como iluminado por la luz del rostro de
Dios. Soportaba insultos pacientemente, y en su naturaleza humana se convirtió
en un ejemplo para todos los niños y los jóvenes.
Cristo mostró el mayor respeto y amor por su
madre. Aunque ella a menudo hablaba con él y buscaba que él hiciera lo que
querían sus hermanos, nunca le mostró la menor falta de devoción...
María se sintió muy angustiada cuando los
sacerdotes y los dirigentes vinieron a ella para quejarse de Jesús, pero su
atribulado corazón se llenó de paz y confianza cuando su hijo le mostró lo que
las Escrituras decían sobre sus acciones. A veces vacilaba entre Jesús y sus
hermanos, quienes no creían que él había sido enviado por Dios; pero vio lo
suficiente para convencerse de que el de él era un carácter divino – Youth’s
Instructor, 12 de diciembre de 1895.
Tomado de Meditaciones Matutinas para
adultos 2013
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White

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