Quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado
el Señor. Proverbios 18:21
Si
tu esposo sale cada día a la calle a ganarse el pan cotidiano y tú permaneces
en casa, tienes una tarea muy importante que hacer. La vida fuera de casa es
dura y, con el fin de enfrentar adecuadamente el estrés, se necesita una
disposición única. Tú debes confeccionar esa armadura especial en casa. Si tu
cónyuge sale “gruñendo” y dando un portazo al ir al trabajo, te aseguro que
tendrá contratiempos, mal ánimo y muchas probabilidades de tener
enfrentamientos con otras personas a lo largo del día.
Por
el contrario, si en tu casa se “cocinan” la buena voluntad, la amabilidad y el
apoyo, sus habitantes tendrán jornadas de trabajo productivas, disposición de
ánimo para llevarse bien con los demás, capacidad para aceptar sugerencias y un
profundo sentimiento de satisfacción.
El
buen ánimo, así como el malo, se genera en gran medida en el hogar, y el
entorno del hogar depende de la poderosa influencia de la madre. Esto lo he
comprobado durante mis más de cuarenta años como esposa, y más de treinta como
madre.
Debemos
esparcir gotas de optimismo y torrentes de alegría en nuestras jornadas
hogareñas. Si tú, como ama de casa, te muestras optimista, contagiarás a tu
esposo, a tus hijos, hermanos y hermanas, tíos y tías, ¡a todos los que estén
cerca de ti! Las mujeres apocadas, deprimidas y enojadizas, cubren a su familia
con un manto frío y oscuro de pesimismo y de anticipada derrota. Por lo tanto:
•
Espera siempre cosas buenas de la vida y de quienes te rodean.
•
Elabora nuevos proyectos.
•
Ríete con frecuencia.
•
Agrega una gota de humor a los momentos difíciles.
•
Busca y encuentra el lado bueno de la gente. ¡Seguro que lo tienen!
Por
último, recréate en el gran amor de Dios, y disfruta al máximo el privilegio de
ser su hija.
Tomado de Meditaciones Matutinas para la
mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

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