jueves, 10 de octubre de 2013

SOMOS CARTAS ABIERTAS


Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos. Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. 2 Corintios 3:2-3

Fue cerca de la época navideña, cuando llegó a nuestro buzón de correos una carta abierta. Aunque la dirección estaba escrita correctamente, el cartero cometió un error y la depositó en otro buzón. La persona que la recibió la abrió por error y la leyó, aunque luego la dejó en forma anónima en nuestro buzón.

Afortunadamente era una carta de felicitación que un familiar lejano nos enviaba en ocasión de las fiestas navideñas.

Es sabido que cualquier persona puede leer una carta que está abierta y que su mensaje, ya sea bueno o malo, se puede esparcir como las hojas que lleva el viento. En la Biblia encontramos un texto donde se nos compara con una carta abierta. Así lo expresó el apóstol Pablo: “Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. Esta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo” (2 Corintios 3:3-4).

Amiga, nosotras somos esas cartas abiertas, y en cierto sentido somos también quienes las expedimos. El deseo de Dios es que el mensaje que llevemos haya sido grabado en nuestros corazones mediante la pluma del Espíritu de Dios. ¡Oh, qué gran privilegio! Sin embargo, recordemos que eso también implica una gran responsabilidad.

Hermana, ¿cuál es el mensaje que el mundo puede leer en ti? ¿Qué mensajes son los que fluyen desde tu corazón? El apóstol nos amonesta: “También nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús” (Hebreos 12:1-2).

Seamos cartas abiertas, querida amiga, ante un mundo que nos observa. Ojalá que todo ojo que fije su mirada en nosotras pueda identificarnos como portadoras de mensajes de salud, vida y salvación. Eso será una realidad siempre que busquemos orientación en la eterna y santa Palabra de Dios, la Biblia.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

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