miércoles, 30 de octubre de 2013

PARA ESTAR TRANQUILO

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En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado. A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los corazones. Proverbios 21:1-2

He de confesar que muchas veces he encarado a mi esposo con la siguiente pregunta un tanto agresiva: “¿Cómo es que puedes estar tan tranquilo?”. Por supuesto que es una queja enorme y desconsiderada. Al actuar así, me atrevo a expresar un juicio de valor sobre mi esposo sin poseer fundamentos sólidos y sin conocer las razones que lo llevan a mantener una actitud tranquila y serena, lo cual no constituye nada negativo en sí mismo.

Cuando las mujeres perdemos la tranquilidad, sea por el motivo que sea, solemos hacerlo con manifestaciones externas de nuestro ánimo: lloramos, gritamos o hacemos movimientos con el cuerpo que manifiestan ansiedad. De ese modo todos los que nos rodean se enteran con facilidad de que algo malo nos está sucediendo.

Pero la mayor parte de los varones vive su intranquilidad de una manera diferente: no hablan, no lloran, no se exasperan. Esto es lo que nosotras interpretamos como indiferencia y falta de interés frente a un hecho que para nosotras es muy importante.

Todo lo anterior, sin duda, es producto tanto de las diferencias individuales como de las de género. Estoy convencida de que algunas veces los varones pueden llegar a ser más intensos que nosotras, solo que pocas nos percatamos de ello. La naturaleza femenina es emocional, la masculina es racional. Mientras nosotras lloramos por los daños que nos puede causar una situación, ellos buscan la manera de solucionar el inconveniente. Ahora bien, yo te pregunto, amiga querida, entre ambas cosas, ¿qué puede causar más estrés y ansiedad?

La naturaleza masculina, cuya inclinación natural es a ofrecer protección, no le permite al hombre esconderse en un rincón para llorar. Por el contrario, le exige que mantenga la calma y la tranquilidad para pensar, y que actúe lo antes posible.

Dios, en su infinita sabiduría, creó al hombre y a la mujer para que ejerzan un liderazgo equilibrado. En el hogar, en el mundo laboral y en nuestras relaciones sociales, se necesitan tanto los toques femeninos como la actuación masculina. La próxima vez que te sientas tentada a decirle a tu esposo o a tu novio: “¿Cómo es que puedes estar tan tranquilo?”, primero colócale un candado a tu boca y acepta su manera de actuar como un talento que Dios le ha concedido.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

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