lunes, 18 de noviembre de 2013

LA FUENTE DE TODA VERDAD

Portada Desde el corazon
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. 
Juan 14:6.

Si las iglesias establecidas en nuestro mundo siguieran a Cristo, orarían como Cristo oraba, y se vería el resultado de sus oraciones en la conversión de las almas; porque cuando se abre la comunicación entre las almas y Dios, se derrama una influencia divina sobre el mundo. Cuando los miembros de la iglesia moran en Cristo, entregan un testimonio efectivo en su vida. Cumplen las palabras de Cristo, “me seréis testigos” (Hechos 1:8). Por su influencia cotidiana, por precepto y ejemplo, dicen: “Venid”. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29)…

Jesús es la fuente del conocimiento, la tesorería de la verdad, y él anhelaba abrir ante sus discípulos tesoros de valor infinito para que ellos, a su vez, los pudieran abrir ante otros. Pero por causa de su ceguera, no podía revelarles los misterios del Reino del cielo. Les dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar” (Juan 16:12). La mente de los discípulos había sido influenciada en gran medida por las tradiciones y las máximas de los fariseos, quienes colocaban los Mandamientos de Dios al mismo nivel que sus propias invenciones y doctrinas. Los escribas y los fariseos no recibieron o enseñaron las Escrituras en su pureza original, sino que interpretaron el lenguaje de la Biblia de tal manera que expresara opiniones y preceptos que Dios nunca había dado. Daban una interpretación mística a los escritos del Antiguo Testamento, y confundían aquello que el Dios infinito había hecho claro y sencillo.

Estos hombres aprendidos colocaban ante el pueblo sus propias ideas, y responsabilizaban a los patriarcas y los profetas de cosas que ellos nunca expresaron.

Estos maestros falsos enterraban las prendas preciosas de la verdad bajo la escoria de sus propias interpretaciones y máximas, y ocultaban las especificaciones más claras de la profecía acerca de Cristo…

Cuando el Autor de la verdad vino a nuestro mundo y fue el intérprete vivo de sus propias leyes, las Escrituras se abrieron ante sus oidores como una nueva revelación; porque enseñaba como quien tenía autoridad, como uno que sabía de qué hablaba. La mente de la gente fue confundida con falsas enseñanzas hasta el punto que no podían captar plenamente el significado de la verdad divina, y aun así se sentían atraídos hacia el gran Maestro y decían: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46) - Signs of the Times, 11 de septiembre de 1893

Tomado de  Meditaciones Matutinas para adultos
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White

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