martes, 23 de julio de 2013

IMPOSIBLE DE RESTAURAR


Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública Hebreos 6:4-6.

¿Cómo puede una persona crucificar otra vez a Cristo Jesús? La expresión no puede ser literal porque Jesús está a la diestra del Padre en una posición de poder (Hebreos 1:3; 8:1). Por otro lado, no crucificamos de nuevo a Cristo cada vez que pecamos.

Cristo murió “una sola vez” por nuestros pecados (Hebreos 9:27,28). Su sacrificio es, por definición, único e irrepetible (Hebreos 7:27; 9:12; 10:10).

Esta expresión es una metáfora de un fenómeno que ocurre en la relación individual entre el creyente y Jesús. El creyente crucifica a Cristo Jesús cuando mata su relación con él.

En este sentido el creyente crucifica “para sí mismo” al Hijo de Dios.

Este acto implica un rechazo total del principio esencial del evangelio. Jesús definió la vida cristiana como el acto de “tomar la cruz”, es decir, “negarse a sí mismo”, y seguirle (Mateo16:24; Mar. 8:34; Lucas 9:23). Esto quiere decir que la aceptación de Jesús en nuestra vida implica la crucifixión del yo (Gálatas 2:20). Por eso, Pablo habla de crucificar al “mundo [...] para mí” (Gálatas 6:14), “la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos” (5:24), y la “vieja naturaleza” (Romanos 6:6).

En nuestra vida solo puede haber un rey, Cristo o el yo. No hay lugar para dos. Esto es metafóricamente una nueva crucifixión porque el individuo repite, en el plano personal, el rechazo de Cristo que efectuaron en la cruz las fuerzas del mal en el plano cósmico.

La gran mayoría de los cristianos experimenta una lucha muy difícil para decidir quién controlará su vida. Por un lado aman a Dios y desean cumplir su voluntad. Por otro lado, se aman a sí mismos y desean llevar a cabo su propia voluntad. Aquellos que, después de haber conocido a Dios matan su relación con él, es decir, que cierran totalmente su vida a su influencia, nunca se podrán recuperar de su situación. ¿Por qué? Porque Dios es el que produce arrepentimiento (Hechos 5:31) y si le cerramos totalmente la puerta, ¿cómo podremos arrepentimos? Ábrele hoy la puerta a Jesús y su voluntad.

Lecturas Devocionales para Jóvenes 2013
¿Sabías qué..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix Cortez

lunes, 22 de julio de 2013

QUE COMIENCEN LAS PLAGAS


Ve por la mañana a Faraón... y tú ponte a la ribera delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra. Éxodo 7:15.

A Moisés y a Aarón se les indicó que a la mañana siguiente se dirigieran a la ribera del río, adonde solía ir el rey... En ese lugar los dos hermanos le repitieron su mensaje, y después, alargando la vara, hirieron el agua. La sagrada corriente se convirtió en sangre, los peces murieron y el río se tornó hediondo.

El agua que estaba en las casas y la provisión que se guardaba en las cisternas también se transformaron en sangre. Pero “los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos” y cambiaron el agua de los pozos de manera similar. Pero, el rey endureció su corazón y se negó a ceder. La plaga duró siete días, pero sin efecto alguno.

Entonces se hizo otro esfuerzo para convencer al rey. Nuevamente se alzó la vara sobre las aguas, y del río salieron ranas que se esparcieron por toda la tierra. Invadieron las casas, donde tomaron posesión de las alcobas, y aun de los hornos y las artesas. Los magos aparentaron producir animales similares por medio de sus encantamientos. Pronto la molestia general se tornó tan intolerable que el rey deseaba intensamente eliminarla. Aunque los magos habían podido producir ranas, no pudieron quitarlas. Al verlo, Faraón fue humillado hasta cierto punto, y deseaba que Moisés y Aarón pidieran a Dios que detuviera la plaga. Ellos le recordaron al arrogante rey su jactancia anterior y le preguntaron qué había ocurrido con el supuesto poder de sus magos. Entonces, le pidieron que designara el tiempo en que debieran orar, y a la hora señalada murieron las ranas, aunque el efecto permaneció porque sus cadáveres corrompieron la atmósfera.

La obra de los magos había convencido a Faraón de que estos milagros habían ocurrido gracias a la magia, pero tuvo evidencia abundante de que este no era el caso cuando la plaga de las ranas fue quitada. El Señor pudo haber convertido las ranas en polvo en un momento, pero no lo hizo, no fuese que, una vez eliminadas, el rey y su pueblo dijeran que había sido el resultado de hechicerías como las que hacían los magos... Con esto, el rey y todo Egipto tuvieron una evidencia que su vana filosofía no podía contradecir; vieron que esto no era obra de magia, sino un castigo enviado por el Dios del cielo – Signs of the Times, 11 de marzo de 1880; ver texto similar en Patriarcas y profetas, pp. 269, 270.
                                                                                 
Tomado de  Meditaciones Matutinas para adultos 2013
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White

CUANDO ESTÉS HABLANDO, ¡ESCÚCHATE!


Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan. No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención. Efesios 4:29-30

Las palabras que pronunciamos, y la forma en que las decimos, dicen mucho más de nosotros que cualquier otra cosa. Estoy segura de que si grabáramos algunas de nuestras conversaciones, al escucharlas más tarde nos sentiríamos abochornadas. La ligereza con que a veces soltamos palabras, frases y expresiones verbales, pregona indudablemente todo lo que abrigamos en nuestro interior. En la Biblia leemos: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

Una manera de escucharnos a nosotras mismas mientras hablamos es observar el efecto que nuestras palabras tienen en la persona o personas que las escuchan.

El tono de voz, el contenido, los gestos que hacemos al hablar, forman el todo de una conversación y emiten un mensaje. Una buena palabra, dicha en un tono de desdén, podría causar en la persona que escucha un mal en vez de un bien.

Aunque las mujeres tenemos fama de hablar mucho más que los hombres, en realidad la situación es muy pareja. Los estudios más recientes demuestran que las mujeres pronunciamos aproximadamente 16,200 palabras al día, en contraste con los hombres que, según el mismo estudio, emplean unas 15,600 palabras. Posiblemente la diferencia estribe en que las mujeres sentimos más placer al hablar. Pero sea como fuere, no permitamos que el contenido de algunas de nuestras charlas sean calificadas como palabras “ociosas” (Mateo 12:36), o expresiones que salen de “labios impuros” (Isaías 6:5).

Hagamos el esfuerzo de hablar para bendecir y edificar. En la Palabra del Señor encontramos un gran consejo: “Los labios de los sabios esparcen conocimiento” (Proverbios 15:7). Hagamos del maravilloso don del habla una herramienta para alentar al que está caído, motivar al desanimado, proveer compañía al solitario y sanar las heridas del que está lastimado.

Amiga, encontrar las palabras correctas al hablar es uno de los desafíos que tendrás que enfrentar en este día. Recuerda que: “Como naranjas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo” (Proverbios 25:11).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN NOMBRE


En aquel día, siete mujeres agarrarán a un solo hombre y le dirán: “De alimentarnos y de vestirnos nosotras nos ocuparemos; tan solo déjanos llevar tu nombre: ¡Líbranos de nuestra afrenta!” Isaías 4:1

Quizá no era la intención del profeta que las siete mujeres a las que se refería fueran simbólicas de siete iglesias, como lo pensaba el apóstol Juan en Apocalipsis. Porque un buen nombre es muy importante. Llevar el nombre, nada más, sin compromisos, lo único que quieren es llevar el nombre. Es difícil imaginar cómo un movimiento creciente puede subsistir durante casi dos décadas sin un nombre. George Knight señala en Lest We Forget [No sea que olvidemos] que, según algunos, elegir un nombre era ser como las otras iglesias. Por otra parte, ¿en qué parte dice la Biblia que las iglesias deben tener un nombre?

Es cierto que la Biblia no dice que Dios pusiera nombre a su iglesia, pero el gobierno sí exige que la iglesia tenga un nombre si quiere poseer propiedades. La necesidad de darle un nombre a la Iglesia Adventista surgió de la necesidad de inscribir la casa editora de Battle Creek, Michigan, en los registros gubernamentales. A principios del año 1860 Jaime White llegó a la conclusión de que ya no se haría cargo de los aspectos financieros de la institución.

Aun consciente de que sin un nombre no podrían registrar las propiedades, R. F. Cottrell escribió:
“Sería erróneo “ponernos un nombre”, pues eso está en el mismo fundamento de Babilonia”. White replicó a la sugerencia de Cottrell (que el Señor cuidaría las propiedades de la iglesia) diciendo: “Es peligroso dejar a Dios lo que él nos ha dejado a nosotros”.

En 1860, un congreso de observadores del sábado votó la elección de un nombre para la denominación. Muchos se inclinaban por el nombre “Iglesia de Dios”. Pero ya había muchos grupos que tenían ese nombre. Finalmente, David Hewitt sugirió el nombre adventistas del séptimo día. Su propuesta fue aceptada, pues muchos delegados reconocieron que “expresaba nuestra fe y nuestra posición [doctrinal]“. Elena de White, que había permanecido en silencio durante todo el debate, dijo: “El nombre adventista del séptimo día presenta los verdaderos rasgos de nuestra fe, y convencerá a la mente inquisidora” (La iglesia remanente, p. 106).

Tal es el valor de un buen nombre que debemos cuidar y ennoblecer. Recuerda que nuestro testimonio pone en alto el nombre de la iglesia de Dios donde quiera que estemos.

Lecturas Devocionales para Jóvenes 2013
¿Sabías qué..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix Cortez

PERDIDA O GANANCIA


Lugar: China

Palabra de Dios: Eclesiastés 7:14

De acuerdo con una fábula china, un anciano vivía cerca de los límites de su país. Un día, su caballo desapareció, y él salió en su búsqueda, hasta que alguien le contó que había visto al caballo del otro lado de la frontera. Los amigos y los vecinos del hombre llegaron para consolarlo.

-Está bien -dijo el anciano-, ¿Quién sabe? Quizá sea para bien.

Varios días más tarde, el hombre oyó ruido de caballos. Cuando salió, encontró que había vuelto el caballo que había escapado, trayendo consigo otro caballo. Los amigos y los vecinos del hombre acudieron a ver al caballo nuevo.

-Qué buena suerte -felicitaron al anciano.

El anciano dijo, sabiamente:

-Conseguí un nuevo caballo, pero no puedo decir que esto sea bueno o malo.

Un día, el hijo del anciano salió a cabalgar en el caballo nuevo. Se cayó, y se quebró la pierna. Una vez más, los amigos y los vecinos del anciano aparecieron, diciendo cuánto lamentaban esto tan terrible que había sucedido.

-Quizás, al final de todo, esto sea para bien -respondió el anciano.

Estalló la guerra, y las autoridades reclutaron a todos los hombres jóvenes para el ejército. Muchos fueron heridos o murieron en batalla.

Pero, el hijo del anciano no podía luchar en el ejército, a causa de su pierna quebrada. Así que, finalmente, esa pérdida se transformó en ganancia.

La Biblia dice: “Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios…” Por cuanto vivimos en un mundo pecaminoso, a veces nos ocurren cosas malas. Pero, no importa lo que suceda, Dios está en el control. Confía tu vida en sus manos, y él estará contigo en las buenas y en las malas.

Lecturas Devocionales para Menores 2013
En algún lugar del Mundo

Por Helen Lee Robinson

CORRE, CORRE, CORRE


Lugar: México

Palabra de Dios: Hebreos 12:1

Caballo y su amigo caminaban por el bosque hacia un manantial termal, cuando Caballo descubrió un sendero que no conocía. Despidiéndose de su amigo, salió corriendo. Aunque no tenía ni idea de hacia dónde se dirigía ese sendero, estaba haciendo lo que le gustaba, y eso era correr.

Él es uno de los 40 mil indios Tarahumara que viven en el noroeste de México. Estos indios son conocidos, quizá, como los mejores corredores de larga distancia del mundo, pues corren hasta 240 kilómetros por vez. Correr parece formar parte de su vida. Corren para ir al trabajo, para ir al hospital; a veces, hasta para ir a comer. Créelo o no, pueden atrapar a un ciervo, persiguiéndolo hasta que el animal finalmente se cansa.

Lo sorprendente es el estado físico de los indios Tarahumara.

Mientras corren, su presión sanguínea baja y su ritmo cardíaco se mantiene en un promedio de unos 130 latidos por minuto. Luego de correr 80 kilómetros, ni siquiera se ven cansados. No sorprende, entonces, que los indios Tarahumara hayan ganado ultra maratones de 160 kilómetros.

¿Puedes imaginarte corriendo durante 18 a 20 horas? Eso es lo que lleva correr una de estas ultra maratones. Exige mucha perseverancia.

La mayoría de nosotros, probablemente, nunca corra distancias tan grandes. Pero, de la misma manera, necesitamos perseverar en nuestra vida espiritual.

La Biblia nos dice: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. Sigue corriendo. Algún día, pronto, terminaremos la carrera.

Lecturas Devocionales para Menores 2013
En algún lugar del Mundo
Por Helen Lee Robinson

domingo, 21 de julio de 2013

EL PODER SUPERIOR DE DIOS


Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 
Éxodo 7:2.

El Señor indicó a Moisés que volviera ante el pueblo y le repitiera la promesa de la liberación, con nuevas garantías del favor divino. Hizo lo que se le mandó, pero el pueblo no estuvo dispuesto a recibirlo: sus corazones estaban llenos de amargura, todavía restallaba el látigo en sus oídos, el clamor de angustia y de dolor ahogaba todo otro sonido, y no querían oír. Moisés bajó su cabeza en humillación y frustración, y nuevamente escuchó la voz de Dios: “Entra y habla  Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel” (Éxodo 6:11).

Se le dijo que el monarca no cedería hasta que Dios visitara con sus juicios a Egipto y sacara a Israel mediante una señalada manifestación de su poder...

Les mostraría, por medio de su siervo Moisés, que el Hacedor del cielo y la tierra es el Dios viviente y todopoderoso, sobre todo otro dios; que su fuerza es superior a la del más fuerte; que su omnipotencia podía sacar a su pueblo con mano fuerte y brazo extendido...

Obedientes al mandato de Dios, Moisés y Aarón entraron nuevamente en los señoriales salones del rey de Egipto. Allí, rodeados de altas columnas ricamente esculpidas y la belleza de ricas tapicerías y adornos de plata, oro y piedras preciosas, ante el monarca del reino más poderoso de aquel entonces, estaban de pie los dos representantes de la raza despreciada, uno con una vara en la mano, llegados una vez más para declarar su pedido de que dejara ir a su pueblo.

El rey exigió un milagro. Moisés y Aarón habían sido instruidos acerca de cómo proceder en caso de que se hiciese tal demanda, de manera que Aarón tomó la vara y la arrojó al suelo ante Faraón. Esta se convirtió en serpiente. El monarca hizo llamar a sus “sabios y hechiceros”, y “echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras: mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos” (Éxodo 7:11, 12)... 

Los magos no convirtieron sus varas en verdaderas serpientes; ayudados por el gran engañador, produjeron esa apariencia mediante la magia, para copiar la obra de Dios...

Así, la obra de Dios se manifestó superior a la de Satanás – Signs of the Times, 11 de marzo de 1880.
                                                                                 
Tomado de  Meditaciones Matutinas para adultos 2013
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White