martes, 1 de octubre de 2013

¿PARA QUÉ TANTO ESFUERZO?


¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida? (Eclesiastés 1:3).

¿Has visto a un joven esforzado y lleno de entusiasmo en las actividades que lleva a cabo? No es muy común, ¿verdad? Es cierto que este tipo de personas no abunda.

La mayoría prefiere dar el mínimo esfuerzo y conformarse con muy poco.

Se cuenta que en cierta universidad, un profesor se esforzaba por motivar a los alumnos para que se entusiasmaran con su asignatura que, por cierto, era una de las más complicadas del curso. De pronto, un joven levantó la mano y preguntó al maestro:

-¿Cuál es la mínima nota que necesitamos para aprobar su materia?

El profesor se quedó petrificado por la pregunta. Luego, respondió:

-Aquí hay un problema de otro tipo. Cierren sus libros. Debemos hablar de esto con mayor detenimiento.

Así fue como el profesor trató de explicarles la importancia de dar el mayor esfuerzo en cualquier actividad en que uno se involucra. Los jóvenes iban asimilando lentamente lo que el profesor trataba de enseñarles.

Dios no espera lo mismo de todos nosotros. Claro que no espera lo mismo de un niño que de un adulto, o de un anciano y de un joven. No espera los mismos resultados; sin embargo, sí espera un esfuerzo equivalente. ¿Por qué? Porque la voluntad revela el carácter de una persona. Lo importante no son exclusivamente las calificaciones en la escuela, ya que dependen de diversas circunstancias, sino el trabajo y el empeño con que lo realices. Entonces, ¿es necesario esforzarse por obtener una buena nota en la escuela? Por supuesto que sí, ya que eso revela tu carácter. Elena de White se refiere al carácter como un verdadero tesoro, el cual representa “la posesión más valiosa de la tierra y el cielo” (La educación, p. 141).

Luego agrega: “La edificación del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora. Ninguna generación anterior fue llamada a hacer frente a problemas tan importantes; nunca antes se hallaron los jóvenes frente a peligros tan grandes como los que tienen que arrostrar hoy” (Ibíd. p. 227).

¿Te das cuenta? La edificación del carácter es la obra más importante de toda tu vida.

¿Por qué? Porque el carácter es lo único que llevaremos al cielo. Es el gran tesoro de la existencia humana. Por eso hay que cuidarlo mucho, edificándolo con los mejores hábitos; entre ellos, el esfuerzo.

Hoy te Invito a que te esfuerces al máximo en lo que vayas a realizar. Recuerda que el empeño que pones en hacer las cosas es un indicio de tu carácter.

 MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013
¿SABÍAS QUE…?
Por: Félix H. Cortez

JAQUE MATE


Lugar: Estados Unidos

Palabra de Dios: 2 Corintios 3:5

-Necesito un voluntario que juegue contra el Hirco - dijo el Sr. Maelzel, señalando su tablero mecánico de ajedrez-. El Hirco nunca pierde. Él puede ganar a cualquiera, en una partida de ajedrez.

El Hirco era un hombre tallado en madera. Vestía un manto y un turbante, y estaba sentado detrás de un baúl de madera, sobre el cual había un tablero de ajedrez.

Se levantó una mano, y pronto la audiencia observó cómo el voluntario jugaba contra el Hirco. Cuando era el turno del Hirco, este levantaba una mano, la extendía, tomaba una pieza y hacía un movimiento.

El Hirco ganaba todas las veces.

El señor Maelzel y el Hirco recorrieron la costa este de los Estados Unidos durante la década de 1820. Cuando la gente oía hablar del Hirco, quería ver a este brillante jugador mecánico de ajedrez. ¿Cómo podía una máquina jugar tan bien al ajedrez? Nadie parecía saberlo.

Pero, un día el secreto se filtró. El Hirco, en realidad, era controlado por un jugador de ajedrez sentado dentro del arcón de madera.

Cuando el señor Maelzel abría las puertas para mostrar los mecanismos internos, la persona permanecía escondida, trasladándose de un compartimiento a otro. Y, como la persona que estaba adentro era un experto, el Hirco ganaba todas las veces.

Así que, ¿cómo se puede vivir una vida victoriosa? ¡Necesitamos un experto de nuestro lado!; alguien sabio y que lo sepa todo. Sí, necesitamos a Dios. Entonces, ¿por qué no pedirle que sea tu guía, que controle tu vida? “No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios”

 LECTURAS DEVOCIONALES PARA MENORES
EN ALGÚN LUGAR DEL MUNDO
Por: Helen Lee Robinson

HABACUC Y EL CUIDADO DE DIOS


Tu oración: Padre, gracias por tus cuidados, por estar siempre conmigo.

Versículo para hoy: «EI Señor me da fuerzas». Habacuc 3:19.

UN DIA HABACUC le pregunto a Dios: «¡Señor, por qué a la gente mala que vive en esta ciudad le va bien? ¿Y la gente que te obedece y ama le va muy mal?» Dios le respondió que él se encargaría de la gente mala.

Un pueblo enemigo atacaría a esa ciudad. Habacuc tenía mucho miedo, pero decidió confiar en Dios. Habacuc sabía que cuando el ejército enemigo atacara la ciudad, Dios cuidaría de toda la gente que realmente lo amaba.

Dios prometió estar con nosotros para siempre. Las hormigas no saben lo que hay detrás de las rocas cuando van a buscar comida. Nosotros somos como las hormigas, no sabemos qué va a suceder mañana, pero Dios lo puede ver todo y promete cuidarnos y estar en momentos buenos y malos.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA PEQUEÑOS
AMIGOS DE JESÚS
Por: Cesia Alvarado Zemleduch

miércoles, 25 de septiembre de 2013

UN EJEMPLO DE CONFIANZA Y ORACIÓN


Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Daniel 6:16.
     
     Por cuenta de sus oraciones a Dios, Daniel fue echado al foso de los leones…

Pero Daniel continuó orando, incluso entre los leones. ¿Olvidó Dios a su siervo fiel y permitió que fuera destruido? Oh, no. Jesús, el poderoso comandante de los ejércitos del cielo, envió a sus ángeles para cerrar las bocas de aquellos leones hambrientos, a fin de que no hicieran daño al devoto hombre de Dios; y hubo paz en aquel terrible foso. El rey presenció la preservación milagrosa de Daniel y lo sacó de allí con honores, en tanto que los que habían planeado su destrucción fueron totalmente destruidos, con sus esposas e hijos, de la terrible manera en que habían planeado destruir a Daniel.

Por medio del valor moral de este hombre, que escogió tomar un curso correcto en vez del político, incluso bajo peligro de muerte, Satanás fue vencido y Dios fue honrado…

Daniel era un gigante moral e intelectual; pero no alcanzó esta preeminencia instantáneamente y sin esfuerzo. Continuamente buscaba el conocimiento elevado, los logros más nobles. Otros jóvenes tuvieron las mismas ventajas, pero a diferencia de Daniel no concentraron todas sus energías en la búsqueda de sabiduría: el conocimiento de Dios revelado en su Palabra y sus obras. Daniel no era sino un joven cuando fue llevado a una corte pagana para servir al rey de Babilonia. Y debido a su juventud extrema cuando enfrentó todas las tentaciones de una corte oriental, su noble resistencia ante el error y su firme adherencia a la justicia a lo largo de su extensa carrera son aun más admirables. Su ejemplo debiera ser una fuente de fortaleza para los probados y los tentados, incluso en nuestros días…

De la historia de Daniel podemos aprender que un cumplimiento estricto de los requisitos de Dios demostrará ser una bendición no solo en la vida inmortal futura, sino también en la vida presente. Por medio de los principios religiosos, podemos triunfar sobre las tentaciones de Satanás y las artimañas de los impíos, aunque nos cueste un gran sacrificio…

Vivimos en el período más solemne de la historia de este mundo, cuando ruge el último conflicto entre la verdad y el error; y necesitamos valor y firmeza a favor de la justicia, y la confianza basada en una oración no inferior a la de Daniel - Signs of the Times, 4 de noviembre de 1886.

 MEDITACIONES MATINALES PARA ADULTOS 2013
DESDE EL CORAZÓN
Por: Elena G. de White

TAREAS INNECESARIAS


Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza. Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer. 
Salmo 62:5-6

La mayor parte de las mujeres tiene la misma queja con respecto a las demandas cotidianas de la vida: “Tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo para terminarlas”. Quien siente que un día no le es suficiente para realizar sus tareas tendrá que respirar profundamente y dedicar tiempo para analizar lo que hace; asimismo, para decidir la forma en que piensa llevarlo a cabo.

Sería bueno que te hicieras algunas preguntas. ¿Acaso estás por cumplir las tareas que te corresponden, o te encargas de cosas que otros deberían hacer? ¿Eres verdaderamente efectiva en el uso del tiempo? ¿Con qué frecuencia se te escapa el tiempo y no sabes en qué lo has empleado? Recuerda que el Señor nos dice: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Eclesiastés 3:1).

Cuando las madres y las amas de casa nos enfrascamos en los quehaceres propios del hogar, y eximimos de ellos a los demás miembros de la familia, cometemos un grave error, ya que nuestro deber no consiste en realizar con tareas que no nos corresponden. Hacemos un gran bien a nuestros hijos cuando les enseñamos a colaborar con las tareas del hogar. Si no lo hacemos, entonces los privamos del privilegio de ejercer sus capacidades, y los convertimos en inútiles para el trabajo.

Los hijos deben disfrutar mientras colaboran con su madre en las tareas domésticas.

Ninguna de ellas es degradante; por el contrario, ayudan a desarrollar nuestro sentido de utilidad y el gozo del servicio.

Por otro lado, la esposa debe encontrar en su esposo a un aliado en el cuidado del hogar. Él puede, con solicitud y por el amor que dice sentir hacia su esposa, ayudarla a llevar las cargas. No pierde masculinidad el esposo que entra a la cocina para ayudar y no únicamente a comer.

Amiga, no te enfrasques en tareas innecesarias. Haz lo que te corresponde con placer y calma. Recuerda que, en medio del ajetreo diario, debes hacer una pausa con el fin de pasar tiempo a solas con tu Maestro y Señor. Que tu pensamiento en este día sea: “Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación.

Únicamente él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!” (Salmo 62:1-2).

 LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER
ALIENTO PARA CADA DÍA
Por Erna  Alvarado

EVITA EL PELIGRO


El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias (Proverbios 22:3).

Por razones que los científicos no logran explicar, algunas personas sufren convulsiones repentinas provocadas por ciertas notas o temas musicales. Un acorde de sol menor en ciertos registros provoca convulsiones a determinados individuos. David Poskanzer, Arthur Brown y Henry Miller describen el caso de un hombre de 62 años que perdía la consciencia repetidamente mientras escuchaba la radio, siempre a las 8:59 p.m., en punto. Después se descubrió que el ataque lo provocaban las campanas de Bow Church que la BBC emitía justo antes de las noticias de las nueve.

Uno de los casos más sorprendentes fue el del eminente crítico musical del siglo XIX llamado Nikonov, que sufrió su primer ataque mientras escuchaba la ópera El profeta, de Meyerbeer. A partir de entonces se volvió más y más sensible a la música, hasta que llegó el momento en que cualquier melodía, por más suave que fuera, le provocaba convulsiones.

La música de fondo de Wagner, por ejemplo, le provocaba una interminable sucesión de espasmos de la que no podía escapar. Nikonov amaba la música y era, además, músico de profesión, pero tuvo que renunciar a ella. Si escuchaba una banda que tocaba por la calle, se cubría los oídos y corría hacia el portal o la calle lateral más cercana. Nikonov adquirió una fobia tan profunda a la música que escribió un panfleto titulado Miedo a la música.

Al igual que sucedía con Nikonov, hay ciertas situaciones que pueden provocar perjuicios graves a nuestra salud espiritual. Son asuntos aparentemente inofensivos que desencadenan fuertes convulsiones en nuestra experiencia cristiana. Algunas personas no pueden tolerar una broma sencilla sin que eso las lleve a responder airadamente o a albergar resentimiento en sus corazones. Otros no pueden tolerar la crítica de los demás. Necesitan la aprobación a toda costa y una palabra de crítica, aunque sea menor o bien intencionada, crea en ellos una crisis espiritual. Hay quienes optan por el alcohol o las drogas, con sus devastadoras consecuencias. Puede ser que tu profesión misma, o algunas cosas que disfrutas en gran medida, sean la causa de graves trastornos en tu relación con Dios. Analízate y procura encontrar los elementos que desencadenan el mal que sufres.

No Importa lo mucho que se recomienden algunas prácticas sospechosas, mejor aléjate de ellas antes de que sea demasiado tarde. Recuerda el consejo bíblico: “El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias” (Proverbios 22:3).

 MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013
¿SABÍAS QUE…?
Por: Félix H. Cortez

ALCANZA EL TREN


Lugar: Suiza

Palabra de Dios: Lucas 12:37, 38

Cuando el tren entró en la estación de Aigle, Lorena, su guarda, se bajó de él para vender boletos. Todavía estaba caminando por el andén con la máquina expendedora de boletos en la mano, cuando oyó que el tren partía.

-¡Deténganse! -gritó, corriendo hacia las puertas abiertas.

Pero, el tren siguió andando sin su guarda. El reloj de la estación mostraba que el tren había salido exactamente a la hora que debía salir. Lorena miró frenéticamente a su alrededor, preguntándose qué hacer. Viendo un taxi, subió a él.

-Rápido, necesito alcanzar el tren - le dijo al conductor.

Salieron rápidamente, sin saber cuán lejos tendrían que ir, para alcanzar el tren.

Afortunadamente, alguien se dio cuenta de que el tren no tenía guarda; quizá, las puertas abiertas les hayan dado alguna pista. Se detuvieron unos nueve kilómetros más adelante, y esperaron a que ella apareciera. Unos minutos más tarde, el taxi se detuvo junto a las vías. Lorena pagó el viaje y subió al tren. Había perdido su propio tren porque perdió la noción del tiempo. Pero, puedes estar seguro de que, de allí en adelante, estuvo más atenta al reloj, para que no la encontrara desprevenida.

Jesús nos dice que estemos alerta para que, cuando regrese, estemos preparados para ir a casa, junto con él. Él dice: “Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre pendientes de su llegada. Créanme que se ajustará la ropa, hará que los siervos se sienten a la mesa, y él mismo se pondrá a servirles. Sí, dichosos aquellos siervos a quienes su señor encuentre preparad os, aunque llegue a la medianoche o de madrugada”.

¡Jesús viene pronto! Estemos listos para encontramos con él.

 LECTURAS DEVOCIONALES PARA MENORES
EN ALGÚN LUGAR DEL MUNDO
Por: Helen Lee Robinson