martes, 27 de agosto de 2013

¿UNA DEFINICIÓN DE AMOR?


¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él (1 Juan 3:1).

Juan no intenta describir el amor de Dios, sino destacar su altura, profundidad y anchura.

Por eso dice “Fíjense qué gran amor” nos ha manifestado Dios, y luego suspende su intento de describirlo. Viktor Frankl narra en El hombre en busca del sentido último lo que le sucedió en el campo de concentración cuando un incidente le recordó a su esposa separada cruelmente de su lado. La fila de prisioneros caminaba por una carretera, en medio del frío invierno, sin abrigos, casi desnudos, antes del amanecer, rumbo al trabajo. El dolor y el sufrimiento eran atroces. Pero la mente de Frankl se concentró en el recuerdo amoroso y al parecer se acercó a una comprensión de la profundidad del amor de Dios.

“Por primera vez comprendí la sólida verdad dispersa en las canciones de tantos poetas o proclamada en la brillante sabiduría de los pensadores y los filósofos: el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su profundidad el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor. Intuí cómo un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad [...] si contempla el rostro de su ser querido. Aun cuando el hombre se encuentre en una situación de desolación absoluta, sin la posibilidad de expresarse por medio de una acción positiva, con el único horizonte vital de soportar correctamente, con dignidad, el sufrimiento omnipresente, aun en esa situación, ese hombre puede realizarse en la amorosa contemplación de la imagen de su persona amada. Ahora sí entiendo el sentido y el significado de aquellas palabras: ‘Los ángeles se abandonan en la contemplación eterna de la gloria infinita’”.

Quizá esa comprensión del amor de Dios capacitó a los mártires para cantar en medio del martirio y morir alabando a Dios. Es el amor que todos debemos cultivar para amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y toda nuestra mente. Creo que ese amor se pide y se recibe del Señor, pero también se cultiva y se ejercita en la práctica de la vida cristiana. Es el amor de los cristianos maduros, porque han conocido más de cerca a Dios.

Busquemos ese amor hoy.

Lecturas Devocionales para Jóvenes 2013
¿Sabías qué..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix Cortez

ASPIRALO


Lugar: Inglaterra

Palabra de Dios: Jeremías 33:8

Notando una delgada capa de polvo sobre la silla del restaurante, M. Cecil Booth sacó su pañuelo. Pero, en lugar de quitar el polvo con el, puso el pañuelo sobre el asiento. Luego, inclinó su cara muy cerca de él, y succionó con fuerza.

El señor Booth comenzó a toser, cuando el polvo voló por el aire y se le metió por la boca. Los otros clientes se dieron vuelta, para ver qué pasaba. ¿Qué estaba haciendo, aspirando el polvo? ¿Estaba loco?

Pero, el señor Booth estaba satisfecho con el resultado. Su pañuelo había recogido una parte del polvo; podía darse cuenta por el círculo de manchas negras. Salió del restaurante habiendo probado que la succión era una manera de quitar el polvo. Y así se desarrolló, en su mente, la idea de la aspiradora.

Su primera aspiradora, construida en 1902, era una máquina grande, montada sobre ruedas de carro. Quienes la manejaban, estacionaban en la calle y hacían pasar largas mangueras de hasta 240 metros por las ventanas. Qué manera interesante de deshacerse de la tierra de la casa. Los vecinos siempre sabían cuando alguien estaba limpiando.

Ahora, las aspiradoras son mucho más portátiles; quizá tengas una en tu casa, para aspirar el polvo. Pero ¿cómo puedes quitar la suciedad de tu vida? ¿O dejas que quede allí, y se junte?

Dios está dispuesto a “aspirar” los pecados de nuestras vidas. Él dice: “Los purificaré de todas las iniquidades que cometieron contra mí; les perdonaré todos los pecados con que se rebelaron contra mí”. No necesitas vivir con suciedad. Invita a Dios a que limpie tu vida.

Lecturas Devocionales para Menores 2013
En algún lugar del Mundo
Por Helen Lee Robinson

LA VIUDA QUE COMPARTIÓ TODO LO QUE TENIA


Tu oración: Gracias Dios por el trabajo que le das a papa y a mama para que en nuestra mesa haya comida.

Versículo para hoy: «No se acabara la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra». 
1 Reyes 17: 14.

«HOY SERÁ nuestra última comida hijo, no ha llovido por mucho tiempo y no hay alimento ni agua, voy a ir a recoger leña», la viuda le dijo a su hijo.

Mientras la viuda recogía leña, Elías se acercó y le pidió que le diera un poco de agua, la viuda le dio de beber. Elías también le pidió un pedazo de pan. La viuda le dijo: «Solo tengo un puñado de harina y un poco de aceite, estaba recogiendo leña para hacer la comida para mi hijo y para mí». Pero Elías le dijo que no tuviera miedo, que hiciera pan, solo que el primero se lo diera a él, y lo demás sería para ella y su hijo. «Dios te dará más alimento».

Cada vez que iba a buscar harina y aceite, la viuda veía que las tinajas siempre estaban llenas y no se vaciaban. Le dio gracias al Dios del cielo por haberla bendecido con alimento.

         LECTURAS DEVOCIONALES PARA PEQUEÑOS
AMIGOS DE JESÚS
Por: Cesia Alvarado Zemleduch


lunes, 26 de agosto de 2013

RECIBAN PARA DAR


Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 
1 Corintios 3:6, 7.

La obra de edificar el Reino de Cristo procederá, aunque parezca moverse lentamente; los medios son tan limitados que las imposibilidades parecen testificar contra su avance... A los discípulos se les pidió que alimentaran a la multitud hambrienta antes de que ellos comieran. Después de que las necesidades de todos habían sido suplidas, se dio la orden: “Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” (Juan 6:12). Se recogieron doce cestos llenos, y entonces Cristo y los discípulos comieron del alimento precioso proporcionado por el Cielo...

En vez de pasar su responsabilidad a otra persona que considera más capacitada que usted, obre según su habilidad, aunque tenga un solo talento. Cristo recibía del Padre; impartía a los discípulos, y ellos impartían a la multitud. Todos los que están unidos a Cristo recibirán de él el pan de vida... y lo impartirán a otros...

Nuestro Salvador colocó en las manos de sus discípulos el alimento para la gente, y al vaciarse sus manos, nuevamente eran llenadas de alimentos, que se multiplicaban en las manos de Jesús tan rápido como se los requería... Esto debe ser de gran estímulo para sus discípulos de hoy. Cristo es el gran centro, la fuente de toda fuerza...

Un Pablo puede plantar y un Apolos regar; pero solo Dios da el crecimiento. Esto es para que nadie se enorgullezca. Los más inteligentes, los mejor dispuestos espiritualmente, pueden otorgar solamente lo que reciben. De sí mismos, no pueden aportar nada a las necesidades del alma. Podemos impartir únicamente lo que recibimos de Cristo; y podemos recibir únicamente a medida que impartimos a otros. A medida que continuamos impartiendo, continuamos recibiendo; y cuanto más impartamos, tanto más recibiremos. Así podemos constantemente creer, confiar, recibir e impartir...

En las manos de Cristo, la pequeña provisión de alimento permaneció sin disminución hasta que la hambrienta multitud quedó satisfecha. Si vamos a la Fuente de todo poder, con las manos de nuestra fe extendidas para recibir, seremos sostenidos en nuestra obra, aun en las circunstancias más desfavorables, y podremos dar a otros el pan de vida – Signs of the Times de 19 de agosto de 1897; ver un texto similar en El Deseado de todas las gentes, pp. 335-339.

Tomado de  Meditaciones Matutinas para adultos 2013
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White

¿CÓMO MEDIMOS EL TIEMPO?


Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría. 
Salmo 90:12

El tiempo es uno de los dones más maravillosos que Dios nos ha concedido.

En la historia humana y en sus diferentes culturas, encontramos una gama increíble de instrumentos creados por el hombre para medir el tiempo. Sin embargo, la primera forma de medir el tiempo la encontramos en el libro de Génesis, en el relato de la creación, cuando el autor expresa: “Y vino la noche, y llegó la mañana” (Génesis 1:5). Surgió entonces la semana creada por Dios.

De ahí en adelante, los seres humanos han inventado relojes en sus diferentes modalidades, así como calendarios con sus días, semanas, meses y años. De igual modo surgieron las unidades más pequeñas de medición del tiempo, como son los segundos, los minutos y las horas que forman un día.

Sin embargo, lo que deseo considerar contigo esta mañana difiere, justamente, de los años de vida que Dios nos concede a cada una. El sabio escribió: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Eclesiastés 3:1). Algunas miden su tiempo en años, en arrugas, en achaques, en canas… Otras miden su tiempo en productividad, en metas alcanzadas, en éxitos obtenidos en la vida profesional, en logros económicos… Estas son sumatorias que indudablemente nos retribuirán ganancias.

Cada segundo de nuestra vida deberíamos emplearlo con responsabilidad y sabiduría. Eso implica transitar por el tiempo tomadas de la mano de Dios. Al hacerlo tendremos calidad y cantidad de vida. El consejo bíblico aplicado al tiempo se encuentra en Efesios 5:15-16, en palabras del apóstol Pablo: “Tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”.

Hay cosas que podemos hacer con el fin de aprovechar de manera prudente el tiempo: pasar momentos en compañía del Señor para desarrollar intimidad con él; prestar un servicio desinteresado al prójimo; charlar con un anciano; sonreír a un niño; trabajar con entusiasmo y abnegación, sin importar lo que nos toque hacer; acariciar a un cachorrito; disfrutar de los alimentos; abrazar a nuestros seres amados…

¡Haz la prueba, y verás cómo aprovecharás tu tiempo!.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
“Aliento para cada día”
Por Erna Alvarado

EL CASO DEL HOMBRE QUE SE ROBÓ A SÍ MISMO


¿Qué esperanza tienen los impíos cuando son eliminados, cuando Dios les quita la vida? ¿Escucha Dios su clamor cuando les sobreviene la angustia? (Job 27:8, 9).

Durante la década de 1920, un ladrón llamado Arthur Berry se hizo famoso en Estados Unidos. Era un ladrón de joyas muy diestro, con un estilo especial. No le robaba a cualquiera. Las damas elegantes de Boston anunciaban con orgullo que Arthur Berry había condescendido a robarles sus diamantes.

Por supuesto, la policía no pensaba lo mismo de él. Lo perseguía día y noche, pero otra de sus habilidades era escaparse de la justicia. Mas una noche lo sorprendieron mientras robaba en una casa; le dieron tres balazos, cayó por una ventana, pero escapó. Finalmente una mujer celosa lo denunció y Berry pasó 18 años en prisión. Cuando salió se fue a vivir a un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra.

Un día se supo dónde vivía y numerosos periodistas acudieron a entrevistarlo. Le preguntaron lo acostumbrado, pero un joven reportero le planteó una pregunta muy perspicaz: “¿A quién le robó usted más?”

Arthur Berry contestó que aquella era la pregunta más fácil de contestar de todas. “El hombre a quien más le robé fue a Arthur Berry. Yo pude haber sido un magnate de Wall Street. Pude haber sido un empresario de éxito si hubiera utilizado de forma legal los talentos que Dios me dio. Pude haber tenido éxito en los negocios, pero pasé más de la mitad de mi vida en la cárcel”.

Terribles palabras, ¿verdad? Qué desgracia es perder todas las oportunidades de la vida y luego mirar hacia atrás para ver lo que pudo haber sido y no fue. ¿Te imaginas? Saber que pudimos haber sido un gran artista, un gran misionero, un gran empresario, un gran servidor público y, sin embargo, terminar nuestros días avergonzados por haber desperdiciado el tiempo en tonterías. Desperdiciar una vida tan valiosa en simplezas es una tragedia, por decirlo suavemente.

Por supuesto, lo más aterrador es la posibilidad de mirar la santa ciudad desde afuera de los muros de piedras preciosas. Saber que pudimos estar dentro y, sin embargo, nos encontramos fuera. Procura no equivocarte en esto. Toma todas las medidas de precaución que puedas para que eso no te suceda. Sería una tragedia eterna. No puedo imaginar lo que sentirá una persona que fue cristiana adventista, que conoció la verdad y, sin embargo, se encuentre fuera de la ciudad de Dios. Procura que no sea tu caso.

Lecturas Devocionales para Jóvenes 2013
¿Sabías qué..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix Cortez

LOS PACIENTES DEL HOSPITAL


Lugar: Missouri, EE.UU.

Palabra de Dios: Santiago 5:16

Santiago 5:16 dice: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz” ¿Crees en eso? ¿Funciona, en realidad, la oración? ¿Puede la oración curar a alguien que está enfermo?

Cuando Sara* fue internada en la Unidad Coronaria del Instituto Cardíaco del Centro de América, del Hospital San Lucas, alguien le dio su nombre a un grupo de oración. Los miembros de ese grupo no sabían quién era Sara, pero estuvieron de acuerdo en orar por ella todos los días, durante cuatro semanas. “Por favor, ayúdala a que se recupere rápidamente y sin complicaciones”, oraban.

Sara fue una de los 990 pacientes por los que se oró. Cuando Bill fue internado, se oró por él; y también oraron por Greg. Ninguno de ellos sabía que alguien oraba por ellos.

Durante cuatro semanas se oró por ellos. Y durante cuatro semanas un grupo de investigadores monitoreó el progreso de cada paciente.

Querían saber cuánto afecta la oración a los enfermos. Los resultados mostraron que los pacientes por los cuales se oró tuvieron menos problemas médicos mientras estaban internados. La oración pareció mejorar su estado de salud.

Los investigadores no sabían cómo funcionaba la oración, pero llegaron a la siguiente conclusión: “Si conoces a alguien que está internado en el hospital, ora por él”. Es una buena idea orar por otros.

Esta semana, piensa en alguien por quien puedes orar, y ora por él o ella.
  
Lecturas Devocionales para Menores 2013
En algún lugar del Mundo

Por Helen Lee Robinson