Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
Lucas 2:52.
Antes de venir a esta tierra, Jesús era un
gran Rey en el cielo. Era tan grande como Dios; no obstante, amaba a los pobres
de esta tierra tanto que estuvo dispuesto a deponer su corona real, su hermoso
manto y venir a esta tierra como uno de la familia humana... Podría haber
venido a la tierra con una belleza tal que habría sido distinto de los hijos de
la humanidad... Podría haber venido a la tierra de una forma que encantara a
quienes lo vieran; pero esta no fue la manera en que Dios pensó llegar entre
nosotros. Él habría de ser semejante a los que pertenecían a la familia humana
y a la raza judía. Sus rasgos habrían de ser como los de otros seres humanos, y
no habría de tener tal belleza personal que hiciera que la gente lo señalara
como diferente de los demás... Había venido para tomar nuestro lugar, a
ofrecerse a sí mismo en nuestro lugar, a pagar la deuda que los pecadores debían.
Habría de vivir una vida pura sobre la tierra, y mostrar que Satanás había
mentido cuando propuso que la familia humana le pertenecía a él para siempre, y
que Dios no podía arrebatarla de sus manos.
La raza humana contempló a Cristo como bebé,
como un niño. Sus padres eran muy pobres, y no tuvo nada sobre la tierra,
excepto lo que tienen los pobres. Pasó por todas las pruebas que enfrentan los
pobres y los humildes desde que son bebés y niños, desde su juventud hasta su
adultez...
En su juventud, trabajó con su padre en el
oficio de carpintero, y así mostró que el trabajo no es algo de lo cual
avergonzarse. Aunque era el Rey del cielo, trabajó en un oficio humilde, y así
reprendió toda ociosidad en los seres humanos... Quienes están ociosos no
siguen el ejemplo que Cristo ha dado, porque desde su niñez fue un modelo de
obediencia e industria. Era un placentero rayo de sol en el círculo del hogar.
Hacía su parte fi el y alegremente, cumpliendo los humildes deberes que se le
pidieron en su vida de pobre. Cristo se hizo uno con nosotros, para poder
hacernos bien... El Redentor del mundo no vivió una vida de desahogo y placer
egoístas. No escogió ser el hijo de un hombre rico, o estar en una posición en
que la gente lo alabara y adulara. Pasó las vicisitudes de los que trabajan
para ganarse la vida, y podía aliviar a todos los que tienen que trabajar en un
oficio humilde. Se escribió acerca de su vida de trabajo para que nosotros
podamos recibir alivio – Youth’s Instructor, 21 de noviembre de 1895.
Tomado de Meditaciones Matutinas para
adultos 2013
"Desde el corazón"
Por Elena G. de White




