Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. Lucas 6:35.
Esta
orden de nuestro versículo para hoy es una de las más difíciles de cumplir
porque se opone totalmente a la naturaleza humana. Pero Peter Miller, un
bautista del séptimo día que vivía en Efrata, un pueblo de Pensilvania, en los
Estados Unidos, la cumplió.
Cerca
de su casa había un hotel, propiedad de un hombre llamado Michael Whitman.
Whitman
era enemigo de la revolución y miembro de la Junta Directiva de la Iglesia
Reformada local. Michael Whitman odiaba a Peter Miller. Un día se encontró con
él y le escupió en la cara. Miller no le hizo caso y Whitman siguió
hostigándolo y humillándolo. Una noche dos hombres llegaron al hotel de Whitman
para hospedarse. El parlanchín Whitman no sabía que eran agentes encubiertos,
así que lo apresaron.
Pocos
días después, Miller supo que Whitman había sido sentenciado a morir en la
horca.
¿Qué
habrías hecho tú en lugar de Peter Miller? Se dirigió a pie, por caminos
nevados, a entrevistarse con el general George Washington. Intercedió por la
vida de Whitman, pero fue en vano. El general Washington le dijo:
-No,
Peter, no puedo perdonar a su amigo. Deseo dar un escarmiento con él.
-Él
no es mi amigo -dijo Miller- Michael Whitman es mi peor enemigo. Me provoca
continuamente, pero mi Señor me ha ordenado que bendiga a quienes me maldicen y
me persiguen.
Washington
quedó impresionado.
-¿Dice
usted que caminó más de cien kilómetros en medio de este horrible invierno para
rogar por la vida de su peor enemigo?
Washington
firmó la nota de indulto y la entregó a Miller, que de inmediato se puso en
camino a Westchester, lugar donde se llevaría a cabo la ejecución. Miller llegó
en el momento justo en que Whitman era conducido al cadalso. Al verlo, Whitman
gritó burlonamente.
-Miren,
ahí viene ese vejete de Miller, ha caminado cien kilómetros a través de la
nieve desde Efrata para darse el gusto de verme colgado en la horca.
Apenas
terminó de pronunciar aquellas palabras, Miller gritó a los verdugos:
-¡Alto,
traigo una orden de indulto!
Whitman
se salvó de la horca, y cuentan que Miller lo llevó de vuelta a Efrata, ya no
como enemigo, sino como amigo. Eso hacen los cristianos. ¿Puedes hacerlo tú?.
Lecturas
Devocionales para Jóvenes 2013
¿Sabías qué..?
Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix Cortez




